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Pensamiento Libre

Miércoles, 26 de abril de 2006

LA IGLESIA SE QUEDA SOLA DEFENDIENDO A LA VIDA

5 de abril de 2006

Se lo preguntaron la semana pasada al Secretario General de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, ¿no se siente la Iglesia Católica sóla en su postura en contra de la investigación con emrbiones?. Sí respondió el presbítero. El Padre Martínez Camino confesó que sabían de su soledad y que no era la primera vez que la Iglesia peleaba en solitario por aquello en lo que cree.

Pero la Iglesia Católica se está quedando sola en otros aspectos, no tan importantes como la defensa de la Vida humana, pero que no carecen de enjundia, por ejemplo la defensa de una moralidad, de unos valores humanos, del Derecho Natural, del amor y respeto a los padres y a los hijos, del derecho a elegir la educación que queramos para nuestra prole, del derecho al matrimonio y la familia como estructura básica de la sociedad. En todos estos temas y alguno más, la Iglesia está abanderando una posición de fuerza basada en el Humanismo Cristiano, en la Caridad, en la Justicia y en la Verdad; así como en el reconocimiento a lo distinto y el respeto por lo opuesto.

Pero en el asunto de la defensa de la Vida, la Iglesia está tomando partido por la única defensa lícita posible: la defensa del Ser Humano, la defensa de los que aún no han nacido, pero son igualmente personas, la defensa de los más débiles, los que no tienen aún cuerpo pero tienen la misma dignidad que los demás.

El Papa Benito XVI lo ha dejado claro: hay que defender la Vida y la dignidad humana. Los obispos, en clara comunión con el Pontífice, piensan de la misma manera. En la misma rueda de prensa se preguntó al vocero de la CEE que pensaba del voto afirmativo del Partido Popular a la Ley de Reproducción Humana Artificial en el Congreso de los Diputados. El portavoz de la Asamblea de los obispos manifestó que los prelados no entraban, jamás, a valorar los votos de sus Señorías, y que sabían que en este camino, también estaban solos.

Es gracioso observar como los políticos de izquierdas gustan de entrelazar, cínicamente, a la Derecha española del PP con los obispos españoles. Es una forma de intentar acallar de un sólo puñetazo a las dos bocas más críticas contra la política progresista. En un caso, desde el ámbito político-partidista; es decir, egoista y sectario. En el otro, desde el Magisterio de la Iglesia, desde la Doctrina del Vaticano y desde la realidad del Derecho Natural y la defensa de la Vida.

Los obispos han elaborado un documento que han titulado "Algunas orientaciones sobre la ilicitud de la Reproducción Humana Artificial y sobre las prácticas injustas autorizadas por la Ley que se regulará en España". No es un texto caprichoso ni falsario, sino realista, comedido, ajustado a la ciencia empírica y a la ciencia humana, ajustado como un guante al Derecho Natural (lo repetimos varias veces porque es la piedra angular de todo esto y es el gran desconocido) ajustado al Evangelio, al Magisterio, a la Doctrina y a las propias palabras de Jesús: "amad al otro como a vosotros mismos".

Los prelados españoles se hacen una serie de preguntas, para responderlas con rigor inmediatamente:

¿Por qué es contraria a la dignidad de la persona la producción de seres humanos en los laboratorios?

¿Por qué hay que tratar desde el primer momento al embrión con el respeto que merece todo ser humano?

¿Por qué es infundada y engañosa la definición de "preembrión" que trae la Ley de reproducción que se está tramitando?

La Nueva Ley de Reproducción, ¿autoriza la producción de embriones humanos también para la investigación y para la industria y no sólo para la reproducción?

El diagnóstico genético preimplantacional y la consiguiente selección de embriones sanos ¿es una técnica curativa, o es, por el contrario, eugenésica? ¿Qué pasa con los llamados "bebes-medicamento"?

¿Y la clonación de seres humanos? ¿La acepta ya la nueva Ley?



Son preguntas certeras, sencillas de formular y de responder, si se usa la verdad.

La Iglesia está preocupada porque, en aras de la ciencia se está avanzando por senderos complicados, dejando de lado la moral y la dignidad de las personas. Hay mucho engaño y mucho cinismo en los asuntos relativos a los avances científicos. Se vocea que sólo con la investigación de las células madre embrionarias se llegará a curar una serie de enfermedades, cuando la realidad es que los resultados positivos están muy lejos de alcanzarse. Se dice que es un derecho investigar con embriones, ya que no son personas, obviando las creencias de miles de ciudadanos y, sobre todo, sin poder probar, los defensores de esta idea, que no se trata de personas. Se da un margen de 14 días para decidir si se es persona o no, incluso se compara al embrión con un cabello humano. Pero no es cierto, y los embriones, de uno o catorce días, son seres humanos en potencia, en su inicio existencial, por lo que deben recibir el mismo trato.

Los mismos que defienden las prácticas médicas sin control moral y ético, defienden prácticas como el aborto, apoyándose en que sólo la mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo. La Iglesia es contraria a cualquier tipo de aborto, a excepción del que se produce por razones de supervivencia de la madre. Pero el sentido común nos dice que la madre no es dueña del ser que lleva en su seno, es la responsable, pero no la dueña para decidir si puede acabar con su vida o no. En España se han realizado casi un millón de abortos desde que entró en marcha la Ley. Es la primera causa de mortandad del país. Y lo peor no es que se justifique como peligro para la salud de la madre, lo que todos sabemos que es incierto en la mayoría de los casos, porque se refieren trastornos psicológics (más bien de conciencia por haberse quedado embarazada) sino que se justifique la práctica abortiva como un derecho de una persona sobre otra. Es la indefensión absoluta del no nacido ante el capricho (más o menos serio) de la madre.

La Iglesia aboga por incrementar las ayudas a las madres que deseen tener a sus hijos, ayudarlas psicológicamente, laboralmente, acompañándolas. Pero también existe la posibilidad de entregar al bebe a las autoridades para que se encargen de su custodia y le busquen una familia adecuada.

La Iglesia se ha quedado sola ante la defensa de la vida, de la ética y moral natural, ante el respeto a los no nacidos. De la forma como se mueva la propia Iglesia, expresando su posición, sus ideas y sus doctrinas, depende el resultado de que se continue con unas prácticas que llevan al ser humano a su propia destrucción, o que se vuelva a un estado natural de las cosas.

Ciertas prácticas están abocando a mercadeo de seres humanos, tráfico de órganos, centros privados y carísimos de guarda y custoria de elementos vivos; etc. Este peligro no es ciencia ficción, es realidad.

Preservar la salud es algo de lo que no podemos prescindir. La Ciencia debe ir de la mano de la conciencia. La medicina debe seguir su avance por ayudarnos a mantener una mejor calidad de vida. Pero somos finitos, La muerte está inseperablemente a la vida. La enfermedad se puede combatir, a la muerte no. Y no todo vale. No se puede salvar a un ser humano a costa de otro.

Nos jugamos mucho en ello

Para conocer más www.cristianpress.org

Por: francisco Sancabal | Religión | Comentarios (0) | Referencias (0)

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