Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Pensamiento Libre

Martes, 09 de mayo de 2006

¿A QUIÉN TIENEN QUE VOTAR LOS CATÓLICOS?

Llegan momentos electorales. Los políticos se lanzarán en tromba a vendernos sus maravillosos programas, sus promesas, su dedicación altruista por la Sociedad... Pero de nuevo le surgirá la duda al ciudadano: ¿a quíen voto? ¿Quien es el político o partido que se ajusta a mi forma de creer, de pensar, de concebir la sociedad?

Lo dijo la semana pasada en rueda de prensa el obispo de Ciudad Real, Moseñor Antonio Algora, "hay 8 millones de católicos todos los domingos en misa". Se refería a la campaña de la renta en cuanto a la asignación tributaria para la Iglesia, pero el mensaje está ahí, ocho millones de ciudadanos que acuden fielmente todos los domingos a la eucaristía.

¿Qué votarán estos ciudadanos? ¿Qué deben votar los más de 30 millones de españoles que se consideran católicos, aunque no estrictamente practicantes?

El presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana, Monseñor José Guadalupe Martín Rábago, Obispo de León, lo explicó claramente la semana pasada, ante las elecciones que se avecinan en el país hermano norteamericano:

“La cercanía del Proceso Electoral del 2 de Julio es un acontecimiento que nos concierne e interpela a todos como ciudadanos”. Los obispos no podemos permanecer indiferentes o asumir una pasiva neutralidad que nos haría responsables de no haber actuado proféticamente en el campo que nos corresponde, como Pastores de la comunidad.

Ningún partido representa a la Iglesia y los católicos pueden militar o dar su voto al partido o candidato que mejor responda a sus convicciones personales, con tal que sean compatibles con la ley moral natural y que sirvan sinceramente al bien común de la sociedad. Nuestra misión, en cambio, ha de ser la de orientar con los principios éticos de la Doctrina Social Cristiana sobre los derechos y deberes políticos de los fieles laicos, ayudando a formar una conciencia social.

Nosotros, como pastores, no tenemos como objetivo ganar elecciones sino ayudar a construir la comunidad; para eso necesitamos ayudar, enseñar, persuadir, predicar, y cuando se requiera, desafiar y pedir cuentas.

Quienes tienen responsabilidades políticas no deben olvidar o subestimar la dimensión moral de la representación, que consiste en el compromiso de compartir el destino del pueblo y en buscar solución a los problemas sociales” (Compendio Doctrina Social de la Iglesia, 410). Estamos conscientes que es posible superar la falsa idea difundida en algunos sectores sociales, convencidos de que no se debe meter la dimensión ética en la política porque esto no es redituable. Sin embargo, "una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia" (Juan Pablo II, Enc. Veritatis splendor, 06-08-93, n. 101 y Enc. Centesimus annus, 01-05-91, n. 46. )

La moral es indispensable en el actuar político, sin confundirla con el moralismo. Sólo quien cree en valores que definen la dignidad de la persona puede responder con verdad a preguntas fundamentales: ¿Qué clase de hombre se pretende construir con el proyecto político que se propone? ¿Se está proponiendo acaso un modelo de vida digno de ser vivido y rico en humanismo integral?.

Muchas de las ofertas que hacen los diferentes partidos contienen elementos contingentes; sin embargo, en la conformación de los proyectos partidistas, los actores políticos deben estar concientes que hay principios que no son negociables (S. S. Benedicto XVI) es decir, que se fundan en exigencias morales de validez absoluta. El Papa señala concretamente tres principios.

-Protección de la vida en todas sus fases, desde el primer momento de su concepción, hasta su muerte natural.

-Reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como una unión entre un hombre y una mujer, basada en el matrimonio y su defensa ante los intentos de hacer que sea jurídicamente equivalente a formas radicalmente diferentes de unión que en realidad la dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su papel social insustituible.

-La protección del derecho de los padres a educar a sus hijos.

Sería indebido apelar a la laicidad del Estado y al pluralismo religioso para cuestionar la legitimidad de estos principios que, como el mismo Papa señala: "no son verdades de fe, sino que están inscritos en la naturaleza humana y por tanto son comunes a toda la humanidad. No son de carácter confesional; su olvido o descuido implica una ofensa a la verdad de la persona humana y una grave herida a la justicia misma" (S.S. Benedicto XVI, 29 Marzo 2006, Discurso a los Participantes en el Congreso promovido por el Partido Popular Europeo).
.


Estas palabras expresadas por el prelado mexicano son absolutamente recalables aquí, en España, porque la doctrina de la Iglesia católica es universal, la misma para todo el orbe católico.

En España se está persiguiendo a la Iglesia católica, a sus pastores y, lo que es peor, su doctrina, por parte de los políticos y gobernantes, principalmente desde la Izquierda. Mucha culpa la tiene el Partido Popular de Aznar, cuyo bajo mandato y por culpa de algunos ministros extremistas católicos, se llegó a confundir PP con Iglesia. Error.

También se equivoca la Izquierda cuando ataca a la Iglesia, porque la doctrina social de la Iglesia está a años luz de cualquier proclama social izquierdista. Porque no hay otro colectivo mundial (ni español) que se preocupe más y mejor por los necesitados y excluidos. Y sobre todo, porque ser de Izquierdas no es incompatible con ser católico; como ser de derechas no es sinónimo de catolicidad confesional.

Los católicos deben plantearse de cara a las elecciones municipales qué partido respeta sus creencias. Los partidos que defiendan él aborto libre, la eutanasia, la manipulación de seres humanos-embriones, el fin de la clase de religión, políticas antifamilia, los matrimonios homosexuales, etc. no son opción, por mucho que el líder concreto caiga más o menos simpático.

Deben saber los católicos que la opción de un candidato a alcalde no es personal, sino que representa a un partido concreto. Incluso puede que el propio candidato sea también un católico fervoroso, pero por disciplina de partido y por intereses partidistas, hará lo que designe su líder máximo. Votar a un candidato del PSOE es votar a Zapatero. Votar a un candidato del PP es votar a Rajoy. Votar a un candidato de IU es votar a Llamazares; etc.

El obispo mexicano lo dice claramente: hay tres principios irrenunciables que todo católico tiene que tener en cuenta a la hora de acudir a la urna.

Los políticos profesionales también deben tener en cuenta esta realidad. Si quieren captar el voto católico, millones de personas, (y ahora complementadas con millones de suramericanos de procedencia católica, aunque todavía sin voto) deben defender las ideas que tienen estos ciudadanos. Y los obispos, como pastores, deben orientar a la Asamblea hacia las formulaciones políticas que respeten el Evangelio y rechazar aquellas que lo atacan, aquellas que no respetan el Derecho Natural.

Con toda probabilidad, los obispos no entren en confrontación política. Pero para esa labor hay miles y miles de ciudadanos católicos que si se moveran: plataformas ciudadanas, escuelas y universidades, asociaciones, grupos de fieles, instituciones, sindicatos, medios de comunicación; etc. Si todos se unen en una sola voz, en un sólo mensaje, el panorama electoral español podría cambiar radicalmente.

El objetivo no es ir a favor de un político y en contra de otro; es decir, no hay que apoyar a la Derecha y no apoyar a la Izquierda; principalmente porque en la propia derecha hay muchos políticos que defienden postulados contrarios a la doctrina católica.

La cuestión es movilizarse para hacer saber a los políticos profesionales que un grupo importante de ciudadanos, con derecho a voto, quieren una línea concreta de política. No se tiene que adecuar el ciudadano al político, sino éste al ciudadano, quien ostenta el Poder máximo del Estado. El Político partidista debe escuchar lo que quiere el pueblo, y actuar en consecuencia.

Cada uno debe hacer lo que le dicte su conciencia. El candidato de un partido lo que entienda que es mejor para la sociedad, en base a sus ideas (aunque lo normal es que actúe de acuerdo a la consigna de su partido con base a interés prosaicos e inconfensables) Y el ciudadano debe votar en conciencia al político o partido que se acerque a sus postulados de pensamiento y creencia.

Y si ningún partido se acercara a los postulados católicos, quizá no debería votarse a ninguno. En todo caso, jamás se debe dar el apoyo del voto a un partido que atente contra el propio Evangelio de Jesús, al magisterio de la Iglesia y a la doctrina de la misma; siempre en cuanto al derecho natural y la defensa de la vida.

Por: francisco Sancabal | Politica | Comentarios (0) | Referencias (0)

Comentarios

Comentar


Recordar datos

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009