Lunes, 15 de mayo de 2006
Se diga lo que se diga, y se miente mucho y se dicen verdades a medias como montañas de grandes, la Inmigración es el principal problema para los ciudadanos españoles.
Después de una acción de regularización sin precedentes en España, que no fue del agrado de muchos aquí y, desde luego, no gustó a ningún gobierno europeo, Caldera aseguró que una vez finalizada todos los ilegales abandonarían España por fuerza de la Ley. Un año después todo se ha quedado en agua de borrajas...
El ministro Caldera, ha salido al paso de la acusación de estar falseando la verdad al maquillar las cifras de inmigrantes ilegales, con un discurso necio: "se está metiendo en el millón trescientas mil personas a los viejos y a los niños"...
Lo cierto es que después de la Regularización, la obligación del ministro y de su jefe, José Luis Rodríguez Zapatero, era cumplir la ley: expulsar a todos, todos los extranjeros ilegales. Eso dice la propia Ley que ellos han preparado.
Un año después, se demuestra que el Proceso Extraordinario de Regularización de Inmigrantes no ha dado los frutos que se presentaban. Es cierto que ha aflorado mucho del mercado negro de seres humanos que se mantenía, y esto es positivo. Pero con las cifras en la mano, hoy en España hay más de 1,3 millones de personas en estado irregular, sin papeles.
El ministro sale al paso acusando al PP de demagogia, porque "incluye a los niños y viejos que no están en edad de trabajar". Pero hay que preguntarle al sr. Caldera ¿No es cierto que el Sistema Público español está manteniendo a ese 1,3 millón de personas sin que sea ni legal, ni ético, ni posible economicamente hablando?
Caldera ha reconocido que no cumple la ley, porque no expulsa a los inmigrantes ilegales. Reconoce que son 1, 3 millones de personas (son datos de las ONGs, posiblemente haya muchos más) Reconoce que hay más de 300.000 prostitutas ilegalmente, sin papeles de trabajo ni residencia; etc. Reconoce, por lo tanto, que su política de inmigración es un desastre absoluto.
La Vicepresidenta feminista (la de la cena vergonzosa) afirma que "todo el que viene de forma irregular se va". ¿Cómo puede decir esto sabiendo que hay 1,3 millones de personas ilegales y el Estado es incapaz de deportarlos?
Lo peor de todo es que este infierno en el que nos ha metido Zapatero y Caldera no ha hecho sino que empezar.
Primero para los propios inmigrantes, quienes se juegan la vida, literalmente, ante el Efecto Llamada-Caldera. Una mentira, un sueño irreal, un error que ya se lo hicieron ver a ZP todos sus colegas europeos, pero él, tan sobrado de razón, hizo caso omiso.
Segundo porque el país no es capaz de dar asilo: sanidad, educación, vivienda, trabajo, transportes, etc. a tantos extranjeros irregulares que no cotizan ni un duro; mucho menos cuando se vienen con niños, ancianos, cuñados, etc. Hay que saber que muchos extranjeros se traen a sus familiares de visita, para ser operados en nuestro país, lo que ha colapsado la Sanidad Pública, modelo de otras; pero que tiene su límite, y éste está ampliamente rebasado; que se le pregunten a los propios profesionales.
Tercero porque Caldera y Zapatero están ahogando a la Comunidad Canaria. Cientos de extranjeros llegan cada día, y pocos, poquísimos se van. Canarias está al borde del caos, todo saturado y, en cualquier momento, los miles de ilegales pueden revolucionarse y crear una hecatombe; es cuestión de tiempo (y de desesperación, y de hambre)
Canarias no puede más. España tampoco. Se sabe que a menudo se trasladan extranjeros hasta la península, abandonándolos a su suerte en los caminos, suerte que es la miseria y el deambular en busca de un mundo mejor.
Caldera dice que no es cierto el efecto llamada, pero lo asegura sólo él, su amiga Consuelo y su jefe José Luis (siempre arropado por la bombero vicepresidenta) Todos sabemos que el efecto llamada es tan cierto como peligroso. Pero el gobierno, henchido por las cifras de la Seguridad Social se hace el loco, el ciego, ante la realidad de una sanidad colapsada, una educación no sólo colapsada sino en declive, una burbuja laboral sólo mantenida por la construcción pero que en cualquier momento explotará como una bomba atómica, arrasando el país.
Todos estos son problemas reales, políticamente incorrecto su difusión e información, pero están en todos los cafés, en la mente y el corazón de todos los españoles.
La situación en Canarias es desesperada. El ministro ha dicho que la situación se ha estabilizado porque ahora los inmigrantes vienen en avión. Pero Canarias se llena de hombres y mujeres desesperados cuyo único delito es querer una vida mejor. Tienen ese derecho. Pero los países de acogida deben regularizar la situación en base a sus posibilidades reales, no a utopías político-partidistas. España tiene una limitación en la entrada de extranjeros para trabajar y se debe mantener. Y además, la Ley dice claramente que los ilegales han de ser repatriados, expulsados. Y la Ley es para todos, incluyendo a Caldera y a su jefe José Luis.
La solución definitiva no puede esperar. España, los españoles y los propios extranjeros no se lo pueden permitir.
Por: francisco Sancabal | Politica | Comentarios (1) | Referencias (0)