Jueves, 15 de junio de 2006
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El escándalo del Hospital Severo Ochoa no cesa. Poco importa que la investigación siga adelante, aclarando lo ocurrido. Políticos interesados continúan en sus trece, cinicamente mostrando el dedo, cuando lo importante es la Luna. Simancas ha demostrado que le importa una higa los ciudadanos, y que sólo busca desgastar a su rival con malas artes, mentiras y demagogia morbosa.
Las cosas son como son. La verdad sólo tiene un camino, y tratar de confundirla es un acto de pillaje cínico.
Cuando saltó a la opinión pública el escándalo de las actuaciones clínicas de ciertos profesionales de la medicina en la sección de Urgencias del Hospital de Leganés, algunos corrieron a demonizar al Consejero de Sanidad, Lamela. Lo hicieron por dos motivos: primero, porque había sacado a la luz el tema; segundo, porque su actuación disciplinaria era injusta e interesada. Lamela se hartó de repetir dos cosas, respuestas a las primeras: uno, que él no había sacado nada a la luz, sino que fue Rafael Simancas el que comenzó a vocear el asunto porque había visto en él, un ariete para dinamitar la política de la presidenta Aguirre; dos, que sólo se había procedido a cesar a un médico de un cargo de confianza. Cierto. La Consejería no juzgaba a nadie, intervenía por unas denuncias anónimas y cesaba a quien le había otorgado la confianza de una gestión que, en ese momento, parecía inadecuada.
Simancas movió a todas sus huestes socialistas, así como a otros grupos y colectivos que acudieron al capítulo del abad rojo, y consiguió levantar una polvareda tal, que resultaba imposible vislumbrar el camino. Se dijo, por aquel entonces, por todas las partes, que el juez debía intervenir para poner las cosas en su sitio. Rafael Simancas debió pensar que el juez le daría la razón, aplastaría con el peso de la ley las tesis de Lamela, y le serviría para romper la muralla del PP en la Comunidad.
Era, así lo pensaban los socialistas, una oportunidad de oro, la gran cagada del PP de la que ellos podían sacar tajada.
Hubo cosas curiosas, como que todos los empleados del Hospital se pusieran del lado de los médicos, apoyándoles y asegurando que en ese Hospital no ocurrían irregularidades. Curioso, porque nunca hemos visto a los médicos, esa elite de la medicina, sacrosanta y poderosa, ponerse del lado y manifestarse e ir a la huelga por celadores, auxiliares o personal de limpieza. Ni lo hicieron ni lo harán, porque ellos son médicos, una clase superior.
Desde el Partido Popular se llamó a la calma. Se pidió que no se exagerasen las cosas y que se dejara trabajar a la Consejería y a la justicia; incluso se advirtió de que las cosas se complicarían para los interesados, si seguían las protestas.
Así ha sido. El juez ordenó a la dra. Fariñas, presidente del Colegio de Médicos de Madríd, que organizara una comisión de expertos-peritos para analizar el caso (los casos) y emitir un dictamen.
Así se hizo y así se presentó a su Señoría.
Y no ha podido ser más demoledor. En las Urgencias del Severo Ochoa se practicaron acciones de mala praxis, se produjeron errores gravísimos (como dar más medicación de la debida) y no se respetaron los protocolos.
Ya no importa si las cartas anóminas venían de una venganza entre médicos, si el jefe se Urgencias tenía problemas entre sus empleados... Lo importante es que Lamela tenía razón para intervir: enl Urgencias no se actuaba adecuadamente con la salud de los ciudadanos.
No se ha probado, de momento, que las malas artes que se llevaban a cabo en ese departamento clínico tuvieran consecuencias mortales. Aquí, Lamela nada podía hacer, porque es cuestión única del juez. Pero los propios médicos han demostrado que no se actuó correctamente y que se puso en serio peligro la vida de más de un paciente. En 4 casos se dio medicación contraindicada; y más cosas.
¿No es bastante, sr Simancas, para cesar al responsable?
¿La mala práxis clínica, que pone en peligro la vida y salud del ciudadano, no es suficiente para intervenir?
El PSOE (o sea, Simancas que es el jefe del clan) y los sindicatos mayoritarios (me niego a llamarles de clase) continúan pidiendo la dimisión del Consejero de Sanidad por su actuación. Consideran que no se ha probado la causa-efecto de los actos con las muertes, y exponen que son menos los casos de malas artes probados.
Es decir, PSOE, UGT y CCOO consideran que 72 casos probados por los propios médicos como mala práxis, errores médicos, peligrosas actuaciones, etc. no son suficientes.
Las asociaciones de defensa del paciente y las que luchan contra los errores médicos están apoyando las tesis del Consejero. ¿Por qué? Pues porque les importa lo realmente importante: la persona, el ciudadano, la vida, la salud del que acude a Urgencias y se pone en manos de profesionales.
Al PSOE, UGT, CCOO, sólo parece importarles el rédito político que Simancas pretendía sacar. Aclaremos, lo que les importa es que esa ventaja se la ha espachurrado el Colegio de Médicos y el Juez. Ya no tienen ventaja, sino que han quedado en soberano ridículo y como unos auténticos bocazas: si hubo casos, si hubo mala práxis, si hubo abusos contra el paciente. Si, si, si.
Que la sanidad en la Comunidad de Madrid no funcione como es debido (la verdad es que no funciona bien en ninguna región española; algo tendrá que decir la ministra; digo yo) no es razón para torturar política y socialmente (incluso personalmente) al Consejero por este asunto concreto de Leganés.
De hecho, Lamela ha vuelto a pedir calma y solicitar que dejen trabajar al juez. Pero Simancas, acorralado por la verdad, ha vuelto al mentidero político para arremeter, de nuevo, contra su rival: Esperanza Aguirre.
Simancas quiere el Gobierno regional, pero de momento, sólo tiene como logros el haber unido y pacificado a la FSM (ahora lo llaman de otra manera, pero para entendernos) Políticamente es un incapaz, que permitió que con sus errores, mentiras y malas negociaciones, dos compañeros suyos (los mismos que subieron a Zapatero a la Secretaría general del PSOE) boicotearan las anteriores elecciones. Simancas no supo gestionar Su crisis, y permitió que su avaricia llevara a la Comunidad a un caos político e institucional sin precedentes.
No debía haber continuado. No debería estar ahora como cabeza de lista socialista (de hecho, hay rumores de que podría ser apeado en el último momento por una sorpresiva incorporación) porque es incapaz de hacer una Oposición correcta a los errores de Esperanza Aguirre, que los tiene, y muchos, y en Sanidad más. Pero con Simancas como rival, la presidenta vive tranquilísima; es más, contenta, porque los propios errores y salidas de D. Rafael, la mantienen a ella en el trono.
Y mientras, estamos a la espera de que el alcalde Getafe y el de Leganés, ambos camaradas de partido, digan algo al respecto. Esperamos que expresen, con los datos del Colegio de Médicos en la mano, qué piensan ahora. Tanto vocearon que ahora el Pueblo necesita saber lo que sus líderes opinan. Si es que opinan. O si es que Simancas les permite opinar (recordemos que el candidato municipal es aceptado, o no, por la ejecutiva que dirige con mano de hierra D. Rafael "el escandaloso".
Por: francisco Sancabal | Politica | Comentarios (0) | Referencias (0)